Sentir, nombrar, observar y escribir.
Poner nombre a lo que sientes convierte una experiencia afectiva en algo que puede identificarse y representarse conscientemente. El etiquetado afectivo se ha estudiado en relación con la participación de regiones prefrontales y cambios en regiones implicadas en el procesamiento emocional.
Observar tu cuerpo incorpora la interocepción: percibir respiración, tensión, activación y sensaciones internas que forman parte de la experiencia emocional.
Escribir tu experiencia puede ayudar a organizar pensamientos, construir una narrativa y elaborar significado. El objetivo no es dejar de sentir, sino crear espacio para observar y ampliar posibilidades de respuesta.


